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viernes, 9 de septiembre de 2016

Las Trompetas de Jericó: ¿Armas Sónicas en la Antigüedad?





¿Los actuales artilugios modernos son una patente reciente? ¿Son muchas de las aplicaciones tecnológicas que nos son familiares fruto de la nada? ¿Somos tan arrogantes como para creer que todo lo que se nos ha brindado a lo largo de este siglo XX no ha sido ya utilizado hasta la saciedad en tiempos ancestrales? ¿Son muchos inventos  actuales meras adaptaciones de antiguos prototipos que fueron creados, usados, y por consiguiente, olvidados en los tiempos inmemoriales que precedieron al hombre de la era contemporánea?
Para un paladín de ideas audaces y cuanto menos revolucionarias, supone una gran ventaja intelectual sobre el adversario contrario y crítico de sus teorías el dar rienda suelta a la fantasía arraigada en el inconsciente colectivo y el expandir los límites de la imaginación, además de formular cuestiones que irritarían y desconcertarían hasta al académico más respetado.
Habiendo superado los tiempos pasados en los que se lanzaban excomuniones contra los intelectuales que profesaban conocimientos que harían tambalear los bastiones de la Élite, hemos llegado a un tiempo en el que renovarse o morir supone una premisa básica para llegar a alcanzar la autorealización personal.
Naturalmente, he explotado esa ventaja para zarandear el viejo pedestal sobre el que se han asentado las bases teóricas y prácticas –erradas en muchos casos-  de muchos de los conocimientos prehistóricos que hoy nos son conocidos, rompiendo así, el tabú académico en el que se ven envueltas ciertas teorías que replantearían –por lo menos- en gran parte, los obsoletos contenidos que ilustran y adornan con parrafadas vacían los libros de texto de la enseñanza secular.
Durante la primavera del año 1964, el famoso Instituto marsellés de Investigaciones Electroacústicas se trasladó a un edificio nuevo. Tras la mudanza de todo el equipo técnico a su nueva residencia, muchos de los colaboradores del profesor Vladimir Gavreau se aquejaron de fuertes y persistentes dolores de cabeza, trayendo como consecuencia sobre estos síntomas tales como prurito, náuseas y vómitos, entre otros. Tal fue la gravedad del asunto, que algunos de los colaboradores de Vladimir empezaron a temblar y a convulsionar cual enfermos durante un ataque de epilepsia.
Un Instituto que trataba cuestiones relacionadas con la electroacústica sospechó que aquellas molestias que sufrían los colaboradores del profesor pudieran  tener su origen en radiaciones incontroladas que podrían estar localizadas en alguna parte de los laboratorios del edificio.
Después que muchos y tediosos esfuerzos por parte de los científicos por encontrar la causa del problema, se acabó averiguando el origen del mismo. No eran frecuencias eléctricas incontroladas las que causaban esos síntomas, sino un ventilador que emitía ondas de baja frecuencia que comunicaron a todo el edificio una vibración de infrasonido.
Tras saber lo que consiguió hacer ese ventilador, el profesor Vladimir dijo que ese fenómeno se podía reproducir experimentalmente de forma intencionada. Así fue como el profesor, ayudado por sus incansables colaboradores, creó el primer cañón acústico de todo el mundo en el Instituto de Investigaciones Electroacústicas de Marsella.
¿Cómo era este cañón, os preguntaréis? Bien, este obedecía a la siguiente descripción: a una enorme reja que tenía  forma de tablero de ajedrez se le ataron 61 tubos ultra flexibles a los que se les hizo pasar aire a presión regular, hasta que de estos se pudo apreciar un tono acústico, en 196 Hz.
¿Cuál fue el resultado del experimento? Simplemente, devastador. Las paredes del nuevo edificio se agrietaron, y los estómagos de los presentes durante el ensayo práctico se retorcieron hasta el extremo. En consecuencia, el cañón fue desactivado.
De los errores se aprende. La experiencia proporciona antecedentes para que no volvamos a tropezar en la misma piedra, -aun así lo volvemos a hacer. Y esto lo sabía Vladimir, pues tras el fallido primer intento, este hizo erigir unas nuevas instalaciones dotadas de sofisticada protección que proporcionaran seguridad a los hombres que manejaban el delicado instrumento. Vladimir mejoró con creces la capacidad del primer cañón, ya que el vástago del primero resultó ser una auténtica “trompeta de la muerte”, la cual era capaz de desarrollar en su apogeo máximo hasta 2000 W de potencia, emitiendo, a su vez, ondas sonoras de unos 37 Hz.
Lógicamente, no se pudo exprimir todo su potencial como se hubiera deseado, ya que el cañón hubiera destrozado todos los edificios existentes en varios kilómetros a la redonda.
A finales de los años 70, se consiguió perfeccionar esa “trompeta de la muerte”, ya que se trabajó durante varios años en un nuevo cañón acústico de 23 metros de longitud, que fue capaz de emitir ondas sonoras que alcanzaron la frecuencia mortal de los 3,5 Hz…
En vista de estos antecedentes, viene a mi mente otro escenario en el que pudo ser plausible el uso de otro artilugio similar. Vayamos a este y analicemos el contexto del mismo.
En el pasado bíblico, el pueblo elegido por Dios, travesó el Jordán, poniendo rumbo a la ciudad de Jericó, la cual se veía rodeada de espesas murallas de 7 metros de grosor. En vista del impedimento, se ordenó a los sacerdotes que tocaran las “trompetas”. Veamos que describe el Libro de Josué:
"Los sacerdotes tocaron las trompetas, y cuando el pueblo, oído el sonido de las trompetas, se puso a gritar clamorosamente, las murallas de la ciudad se derrumbaron, y cada uno subió a la ciudad frente de sí"
Es evidente de que algo anómalo sucedió, pues ni la fuerza de los pulmones de los sacerdotes, ni las miles de voces del pueblo apoyando con sus gritos a pleno pulmón el sonido de las trompetas pudieron haber derruido aquellos muros tan gruesos… ¿Acaso usaron esos sacerdotes algún tipo de cañón sónico para logar su objetivo? ¿Es que acaso Dios –entendido como el supremo creador del todo, o, póngase por caso especulativo, los extraterrestres, otorgaron al pueblo judío además del Arca del Alianza algún tipo deoopart que a la postre les resultara beneficioso para salir airosos de las dificultades que les plantearía la larga travesía? Sea como fuere, y en vista de los hechos anteriormente mencionados, tenemos en conocimiento que las ondas sonoras de frecuencia hertziana mortalmente baja, habrían sido válidas para derrumbar los muros de la ciudad de Jericó.

Publicado en 25 de abril de 2013 por Ethan en la revista Arqueología Ciencia y Religión

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