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miércoles, 25 de diciembre de 2013

FILIPO

Recuerdo que lo primero que percibí fue la música y los coros de niños y sacerdotisas que cantaban alegremente. Todo el mundo bailaba y se divertía. Era el Pannychis final, un festín al aire libre que duraría toda la noche y en el que todo el pueblo participaba.
—¡Eh, compañera, despierta!
La voz del macedonio me llegaba lejana, mezclada con las risas y los cantos. Entreabrí los ojos y la luz rojiza y vacilante de las antorchas me deslumbró.
—Vamos, muchacha… ¿estás bien?
—Sí… creo.
—Te ayudaré a levantarte. Ven, salgamos fuera. El aire de la noche hará que te sientas mejor.
Intenté incorporarme, pero mis piernas se doblaron. Él me tomó por la cintura y pasó mi brazo sobre su hombro.
—Pronto estarás mejor.
Su tacto era cálido y su cuerpo musculoso. Cuando por fin llegamos al exterior, una bocanada de aire fresco me llenó los pulmones. Sólo entonces pude apreciar cuán opresivo era el que se respiraba en el interior del Hieron, enrarecido por los fuegos, las antorchas y los sahumerios.
Él me ayudó a sentarme en el suelo, con la espalda recostada contra una gran piedra. La tierra estaba húmeda por el rocío de la noche, pero su contacto me sentaba bien.
—Mi nombre es Filipo —dijo, sentándose a mi lado y dejándose caer hacia atrás sobre la hierba.
Yo le sonreí torpemente, sin saber qué contestar.
—¿Cuál es el tuyo?
—Políxena…
—¿Políxena? ¿Cómo la amante de Aquileo?
—¡Aquileo era mi abuelo! —exclamé, algo molesta por la alusión.
—Entonces tú debes ser… ¡la hija de Neoptólemo de Epeiros!
—¿Conoces a mi padre?
—No, pero conozco todos los nombres de la Dinastía Eácida.
—¿De veras?
—Sí; fui educado por el general Epaminondas.
—En cuanto te vi supe que eras el hijo de un militar.
—¡Oh, no! —rió, divertido— Eso fue durante los tres años que estuve en Tebas como rehén.
—No lo comprendo… La nave en la que llegaste lleva una enseña real y esperaba que transportase a un Rey, o a un Príncipe.
—Y no te equivocaste. Soy el hijo menor de Amintas III y, desde que murió mi hermano Pérdicas, gobierno Macedonia como Tutor y Regente de mi sobrino Amintas.
—¡Ah! Entonces, el verdadero Rey es ese niño.
Había un cierto tono de decepción en mi voz, que él debió percibir.
—Por poco tiempo, porque ese trono me pertenece; ¡y voy a recobrarlo!
Hacía un buen rato que el cielo estrellado había dejado de girar sobre mi cabeza y decidí que sería bueno que nos uniéramos a la fiesta; mi tío debía de estar buscándome y no era conveniente que nos encontrase allí.
—Búscame cuando hayas recuperado tu Corona —le espeté mientras me levantaba de un salto—. Quiero ser Reina.
—Lo haré.
Los dos nos mezclamos entre el gentío que bailaba y cantaba, sumergido en una embriaguez colectiva. Él se perdió inmediatamente en el centro de un grupo de muchachas de pies descalzos, peplos livianos, senos casi al descubierto y cabezas coronadas con guirnaldas de flores.
Yo fui arrastrada casi sin darme cuenta por las gentes que danzaban, mientras me esforzaba por distinguir la cabeza de mi tío Arribas entre la multitud que abarrotaba la primera terraza.
Sólo cuando llegó el amanecer volví a reencontrarme con Filipo; de todos los iniciandos éramos los únicos que habíamos alcanzado la épopteia de la Diosa Madre y mientras los sacerdotes sacrificaban un toro, juntos debíamos ofrecer las libaciones a los Antepasados en presencia del resto de los mystés.
Las grandes fiestas de Samothraki finalizaron con esta última ofrenda y todos los que habíamos participado en ellas debíamos regresar a nuestras casas pero, antes de separarnos definitivamente, Filipo susurró a mi oído:
—Te prometo que serás mi Reina.
La suya fue la primera nave en partir. La lujosa trieres había permanecido atracada en el muelle durante todo aquel tiempo y era preciso dejar lugar para que el resto de naves pudieran acercarse para recoger a los distintos viajeros. No sin cierta nostalgia, me quedé contemplando como se alejaba su embarcación y como la vela que exhibía orgullosamente la enseña macedonia se iba haciendo cada vez más pequeña hasta perderse en el horizonte. 
     De mi libro "LLAMADME OLYMPIA"

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