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La Esencia de la Diosa vive en el corazón de cada mujer y en el de algunos hombres sensibles que saben serlo sin perder por ello su masculinidad. Espero de todo corazón que te guste el contenido de esta página y te animo a participar en ella activamente publicando tus comentarios o utilizando el botón "g+1" para recomendar las entradas que te gusten.

domingo, 29 de diciembre de 2013

ROXANA

Cuando Aléxandros ocupó el peñón, encontró en él a sus defensores con sus familias y, en las estancias reales, a la esposa de Oxiartes con sus hijas.
Cuatro pares de ojos le miraban asustados bajo el cendal.
—¿Dónde está Oxiartes? —les preguntó.
Por toda respuesta, las mujeres se agruparon atemorizadas. Todas menos una, que avanzó resueltamente hacia él.
—Mi padre no está aquí. Sólo nos trajo para protegernos.
La voz era la de una niña y Aléxandros, fascinado por su ingenua valentía, le levantó el velo.
Parecía acabada de emerger de la espuma marina; Afrodita humana, prendía en sus ojos la mirada dulce de Aurora, la sabiduría de Atenea, la intrepidez de Artemisa y el encanto de todas las Cárites. Como si todas las diosas se hubieran reunido en una sola mujer perfecta hecha para él, Aléxandros se quedó sin palabras, temiendo romper el silencio de aquel momento mágico, los ojos prendidos en la negrura sin fin de los de ella, llenos de promesas y de futuro.
—Soy Roxana, hija de Oxiartes.
La armonía de aquella voz llenó de notas encantadas el espacio que les separaba. El mundo entero desapareció mientras ellos giraban en una espiral fantástica de luces, arpegios y destellos de oro.
Preso ya de su embrujo para siempre, sólo acertó a repetir su nombre:
—Roxana…
—En nuestra lengua significa pequeña estrella.
—Jamás un nombre fue tan apropiado.
—Aléxandros de Macedonia, supongo.
—¿Cuántos años tienes?
—Dieciséis, ¿y tú?
—Veintinueve —respondió, extasiado ante el desparpajo de la joven.
—Entonces ya es hora de que engendres un sucesor.
—Ya tengo un hijo con Barsine.
—Barsine no es tu esposa.
—No. Me casé con Estatira, la hija de Darío.
—Estatira no tiene hijos. Yo te daré un Heredero.

De "Llamadme Olympia"

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