
Él sabe mucho de ese sueño irreal, ilusorio y azaroso, al que curiosamente llamamos vida y del que tantos y tantos temen despertar.
A veces, en la soledad de la montaña, mi colibrí me traduce el lenguaje de la piedra y el canto de los árboles.
Es una parte de mí misma, en mucha mayor medida que mis propios pensamientos.
Mi colibrí me ha enseñado a integrarme con cada ser vivo, con cada grano de arena, con cada gota de agua, con el aire, con el sol y con la luna, con lejanas galaxias y con estrellas olvidadas...
Me dice que el dolor ajeno forma parte de nuestro propio dolor y que las alegrías que sentimos son también parte de la felicidad de otros.
De "Pensamientos desde el Corazón"
(algo que quizás no pase de ser un proyecto)
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