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domingo, 24 de julio de 2016

DESVELANDO EL MISTERIO 18: Epílogo

La Reina Nefertiti tenía razón: en aquella guerra absurda, los dos habían perdido.
Horemheb perdía a la mujer que amaba y ella lo había perdido todo. ¿Qué importaba entonces su muerte, si por fin podría reunirse con sus seres más queridos?
La Regencia del padre Ay se prolongó hasta que el Faraón alcanzó la edad necesaria, pero no sin que Horemheb solicitase en repetidas ocasiones la renuncia de Tutankhamón, al que consideraba demasiado joven para reinar y a su Regente demasiado longevo para sustituirle. Por su parte, el Gran Visir no estaba dispuesto a abandonar en manos de aquel adolescente inexperto el inmenso poder que durante tantos años había detentado. Así fue como, a sus diecinueve años, el Faraón Tut fue a reunirse con sus ancestros, víctima de las maquinaciones de Ay, su propio tío y tutor.
Ajena a toda aquella conjura, Ankhesenamón, la Reina viuda, rechazó a Horemheb para confiar en su abuelo Ay, que se desposó con ella para conseguir la legitimidad que necesitaba para gobernar. Pero el anciano Faraón rozaba los noventa años, una edad más que provecta en un tiempo en que la esperanza media de vida era de cuarenta y cinco…
La respuesta de Horemheb no se hizo esperar. El intrépido General contaba con el apoyo del clero tebano. Se le supone culpable de la muerte de Ay, quien apenas si pudo mantenerse un año entero en el trono de Egipto.
Ankhesenamón, al parecer, siguió los pasos de su madre, suicidándose con el mismo veneno.
A partir de aquel momento, ya no quedaba oficialmente en el país un solo descendiente de la sangre de los faraones. Empezaba una nueva etapa en la que la saga militar se hizo con el poder.
Horemheb se proclamó Faraón bajo el nombre de Djeserjeperura Setepenra Horemheb Meryamón, que significa  «Divinas son las manifestaciones de Ra, Elegido de Ra, Horemheb (Horus en su jubileo), el Amado de Amón».
El flamante Faraón reinaría durante veintisiete años. A su lado, su todavía esposa Munedjmet se convertiría en Reina, confirmando la profecía que años antes recibiera Nefertiti de un santón en el mercado de Uáset:
—«Tú y tu hermana llegaréis a ser Reinas».
Horemheb murió sin descendencia masculina: se ignora si fue por decisión propia o de los dioses… Pero, siguiendo la tradición militar, antes de morir designó como sucesor a otro general que gozaba del favor del que era ya el último Faraón de la tumultuosa Decimoctava Dinastía.
El Visir Paramesu, convertido en el Faraón MenPehtyRa RaMesesu, ha pasado a la Historia con el nombre helenizado de Ramsés I, inaugurando con su reinado la Dinastía Diecinueve.
Hasta aquí lo que nos revelan los escritos históricos. La vida de NeferneferuRa Nefertiti, «la Bella que nos llegó de allí»… es otra cosa.

Y hasta aquí también los misterios desvelados en los libros que he conseguido publicar hasta hoy. En estos tiempos es difícil encontrar editor, pero no por ello voy a interrumpir lo que he empezado. Los fragmentos que incluiré a partir de ahora siguiendo su orden natural son totalmente inéditos, sin que por ello descrate su publicación.

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